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Jaime Nebot: Una Voz Clamando en el Desierto de la Realidad Ecuatoriana

  • Foto del escritor: Estefanía Concha Crespo
    Estefanía Concha Crespo
  • 31 ene
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 16 feb

En medio de un Ecuador fracturado por la crisis, la figura de Jaime Nebot emerge como un faro de lucidez y firmeza. Su reciente intervención pública, analizando con Andersson Boscán los desafíos del país, no solo confirmó su dominio de la realidad nacional, sino que también reafirmó por qué su liderazgo trasciende coyunturas políticas. Sin aspavientos ni personalismos, Nebot nos brinda un discurso donde los datos, las propuestas y la esperanza se enfrentan a lo que pareciera ser un futuro desgarrador.



Nebot no evita mencionar la realidad y complejidad de los problemas de nuestra sociedad. Con una precisión casi que de un cirujano, va diseccionando una por una las heridas del país: violencia, hambre, corrupción y una economía cada día más asfixiada. Pero lo más esencial, es que, su análisis no se limita solo al del rol del “denunciólogo”; sino que viene acompañado de soluciones concretas, soluciones que son el resultado de un conocimiento profundo de sectores clave como el agro,conocimiento que solo puede ser adquirido por quien ha caminado junto a los campesinos. Rechaza con firmeza todos aquellos impuestos adicionales que ahoguen aún más a los ecuatorianos y cuestiona, de manera certera, aquellas leyes que han sido vetadas, ya sea por juegos políticos o por desconocimiento de una asamblea cada vez más desconectada de la realidad, y que podrían aliviar el sufrimiento popular.


Escucharlo es aceptar transitar entre una mezcla de emociones. Por un lado, la angustia ante un Estado convertido en “esqueleto” por la ineptitud y la corrupción; por otro, la esperanza que surge de quien cree en la recuperación mediante acciones urgentes. Nebot no se queda en la queja: su crítica a figuras como Correa —cuya mitificación por ciertos medios hoy avergüenza— o su defensa de políticas migratorias pragmáticas revelan un pensamiento libre de ataduras ideológicas. Su mensaje no es derrotista: cada problema, por espantoso que sea, lleva aparejada una ruta de salida.


Aunque al día de hoy se encuentre alejado de las candidaturas, Nebot mantiene una vigencia permanente. Su conexión con las clases populares no es meramente “historia”: se nutre de décadas de trabajo territorial y logros tangibles, se nutre también de todos aquellos años en los que cambió para bien la vida de la gente. Este historial explica por qué su voz resuena incluso entre quienes no comparten su ideario. No necesita personalizar debates; su arsenal son hechos, no calumnias. Cuando alude a Correa, Lasso o Noboa, lo hace para subrayar verdades incómodas, no para alimentar polarizaciones.


El Partido Social Cristiano (PSC), bajo su influencia, encarna una paradoja: es una institución histórica, arraigada en la memoria nacional, pero renovada por un compromiso con el presente. Nebot inyecta al partido un pragmatismo que evita nostalgias estériles. Su convicción de que el PSC permanecerá en el corazón del pueblo no es un acto de fe, sino una conclusión lógica: donde hay obras visibles y defensa constante de los más vulnerables, debe haber memoria colectiva.


Nebot interpela a una sociedad adormecida por la resignación o el fanatismo. Fustiga a los “ciegos” que eligen seguir como rebaño, ignorando que el precipicio está cerca. Su optimismo, sin embargo, no es ingenuo: está ligado a acciones específicas —desde reformas económicas hasta justicia social— que exigen valentía y participación cívica. En un panorama donde muchos políticos se desdibujan y desaparecen, él sigue convocando aplausos no por espectáculo, sino por autenticidad.


Jaime Nebot no es un candidato, pero sí un símbolo viviente de resistencia ante la mediocridad. Su fuerza radica en no permitir que su figura eclipse los problemas que denuncia. Al centrar el debate en el pueblo y en la gente, recuerda que el verdadero liderazgo no se mide en votos o elecciones, sino en la capacidad de transformar la inacción y la comodidad en trabajo y esperanza reales. Mientras el Ecuador siga escuchando voces como la suya, habrá un camino —empinado, pero posible— hacia la reconstrucción.


 

Autor: Estefanía Concha Crespo

Politóloga

Jefe de Acción Política de las Juventudes Socialcristianas


 
 
 

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